AMARGO Y ADICTIVO

Me gusta el café; mucho,  es uno de esos sencillos placeres con los que lleno mi día a día. Sé que como todos los placeres, conlleva una pequeña dosis de perjuicio que, hoy por hoy, acepto gustosamente. Acabo de llegar al Centro Joven,  con una taza de café con leche para llevar en uno de esos vasos de papel con tapa de plástico… me siento tan cosmopolita!. He recordado que hace tiempo escribí un artículo relacionando el café con el sexo y me apetece compartirlo.

“El café conduce a los hombres a desperdiciar su tiempo y gastar su dinero, todo por una pequeña taza de negro, espeso y sucio líquido, es un agua de charco nauseabundo, amargo y maloliente…”

He aquí un extracto del documento elaborado por  Las damas londinenses: “Petición de las mujeres contra el café”, en 1664, donde las damas inglesas culpan al café de la falta de interés sexual de sus maridos.  Tal vez  desconocían lo que verdaderamente ocurría en las Casas de café londinenses que sus maridos frecuentaban diariamente en busca de los placeres “inmorales” donde el café les brindaba la coartada perfecta… o quizás, esa descripción nos revele precisamente lo contrario.

Comprendo que debía resultar difícil cuestionar las verdaderas razones por las que los susodichos maridos pasaban horas en los cafés, y llegaban a casa desinflados.  Por otro lado, imagino  que de poco les serviría a los varones la tradicional excusa de buscar fuera de casa lo que dentro no tenían, porque como se puede extraer del manifiesto,  estas mujeres parecían bastante disgustadas con el régimen de abstinencia obligada al que las sometían sus esposos.

A lo largo de la Historía…

He podido encontrar varios ejemplos parecidos a lo largo de la historia. ¿Sabéis quienes han registrado el mayor número de patentes referidas al  café en países como Alemania, Francia o Suiza? La respuesta es sorprendente: Las madames de los Burdeles. Estas inteligentes señoras no tardaron en descubrir los efectos del café. La cafeína no solo ponía a sus clientes en un estado de activación y alerta, sino que creaba cierta adicción que les llevaba, llamémosle, a “recaer” en el consumo y por lo tanto a asegurar el jornal de sus trabajadoras.

Otro ejemplo histórico interesante. Sobre el año 1500, se extendió el rumor entre los mercaderes italianos que comerciaban con Turquía, de que el café era el causante de la homosexualidad en dicho país. Probablemente teniendo en cuenta los valores  de la época,  se vinculara con las prácticas homosexuales la habitual uso de los baños turcos solo por hombres. No obstante, en todas las culturas, durante todas las épocas históricas se ha tratado de encontrar explicaciones a la homosexualidad.

Explicaciones atravesadas por el valor asociado a esta en el contexto cultural; pecado, enfermedad, delito, etc. En un contexto caracterizado por el desconocimiento de los procesos de sexuación, la división estricta de los roles de género,  y la asociación casi violenta de la heterosexualidad con la masculinidad, no es extraño que las explicaciones a lo “inaceptable” se busque en factores externos, como en este caso el café.

café

Ya fuese por sus cualidades naturales, por su talento para fabricar excusas, o por el placer asociado a su consumo, parece ser que el café ha jugado un papel camaleónico en la  historia de la sexualidad humana.

¿Y ahora? ¿Qué papel juega el café en la sexualidad de la sociedad moderna? Pues como nada hay más moderno que el mundo virtual, os animo a googlear  las palabras CAFÉ y SEXO. Yo os dejo dos de mis encuentros.

Café y Sexo…

  1. ¿El sexo es como el café? ¿Que se disfrutas más?

Por lo visto, algunos juegos de Psicología hablan de una asociación entre el modo en que te gusta el café y el tipo de sexo que te gusta practicar. Me encantaría encontrarle algún sentido a esta chorrada. ¿Qué juegos de psicología?… ¿los de la Vale? Porque no creo que llamar Psicología a todo nos conduzca a aprender más de nosotras mismas y nuestras prácticas eróticas. Igual deberíamos dejar de hacernos preguntas rocambolescas o tratar de encontrar metáforas  sobre el sexo y pasar a los análisis directos: ¿qué tipo de sexo me gusta a mí? ¿Cuándo? ¿Con quién? ¿En qué circunstancias? Sería mucho más práctico, ¿no crees?  Y luego ya veremos cómo me apetece el café ese día si es que me apetece.

2.  De café con sexo.

El café de la mañana, despertar con olor a café y tostadas, quedar a tomar un café. La literatura, y el cine  están plagados de asociaciones entre el café y los encuentros amorosos. Este hecho es interesante, ya que tras muchas asociaciones no es extraño que tras la frase: “Hemos quedado a tomar un café” se escondan un sinfín de expectativas y deseos sobre el encuentro.  Seguramente que tras el encuentro, si dichas expectativas han prosperado la toma de café ni siquiera se mencione.

Y a ti que, ¿te gusta el café?

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